martes, 16 de septiembre de 2008

MAMA MIA!!

Mamma Mía! : Cuando sales del cine con ganas de cantar.

Por Luisa Lane



“Mamma mia, does it show again
My my, just how much I've missed you” - ABBA

El cine musical ha sido uno de los grandes géneros del séptimo arte. Quien no recuerda los grandes musicales de los 50’s de la Metro (MGM) o las cintas de Esther Williams, Fred Astaire, Gene Nelly y Ginger Rogers. Ya en los 60’s fueron las adaptaciones cinematográficas de las obras de Bob Fosse o las de Rodgers y Hammerstein. El cine musical fue popular por décadas, sobre todo después de las grandes guerras, ya que era el escape perfecto para la vida sombría que llevaba la clase media en aquellos años y que no podían darse el lujo de viajar y pagar por las puestas en escena de Broadway.

En los 70’s, el género tomo un giro diferente. Dejaron atrás el glamour de las grandes y muy caras cintas de la Metro y comenzaron a tomar temas que eran de interés para los jóvenes que hablaban del amor libre, la expansión de la mente vía LSD y la rebeldía que provocaba el choque del rock and roll contra la rígida sociedad sobreviviente de la Depresión. Jesús Christ Superstar (1973) de Norman Jewison, Hair (1979) de Milos Forman, eran conceptos que rompían con la estricta cultura americana y mostraban el espíritu aventurero de la juventud que resumía su destino en el Peace and Love y que gritaba consignas contra la guerra de Vietnam.

Los musicales de los 80’s eran el reflejo de su época; ingenuos, cursis, intentando hacer contracultura en una década que se caracterizó por ser demasiado lenta, demasiado consumista y demasiado conciente de si misma. Roller Boogie (1979) de Mark L. Lester, Xanadu (1980) de Robert Grenwald, Footloose (1984) de Herbert Rose, Dirty Dancing (1987), llenaron salas y vendieron soundtracks por millones, pero no lograron sobrevivir el paso del tiempo y son consideradas por muchos, las peores películas de la historia. Esta década fue la que sepulto para siempre ( o al menos eso se esperaba ) al cine musical.

No fue sino hasta 2001 con el Moulin Rouge! de Baz Luhrmann que el género del cine musical volvió a ser atractivo en taquilla y crítica. De ahí salieron nuevas cintas que aunque no tienen el gran espectáculo que fueron los grandes musicales de los 50’s, si tienen la frescura y argumentos interesantes de los que carecían los musicales de los 80’s. Chicago (2002) de Rob Marshall llego al Oscar, The Producers (2005) de Susan Stroman y Rent de Chris Columbus del mismo año, fueron algunas de las cintas que le dieron nueva vida al genero. Genero que tomo de Broadway y del East End de Londres, materiales de donde tomar para hacer largometrajes.

Mamma Mía! (2008) de Phyllida Lloyd, basada en el musical del mismo nombre escrito por Catherine Jonson y basado en las canciones de ABBA, es el ultimo hit de esta nueva era del cine musical.

Sophie es una chica inglesa de 20 años que vive en el hotel de su madre en una isla griega, está por casarse. Su madre nunca le ha dicho quién es su padre, y cuando Sophie encuentra su antiguo diario, encuentra la dirección de tres hombres que podrían ser su padre y decide invitarlos a su boda sin que su madre se entere. Todo se complica cuando Sam (Pierce Brosnan), Harry (Colinb Firth) y Bill (Stellan Skarsgård) llegan a la isla y se encuentran con Sophie y su madre. Todos juntos intentaran resolver el misterio de quien es el verdadero padre de Sophie, y quien la llevará al altar. Mientras cantan sin razón alguna canciones de ABBA.

Canciones como Chiquitita, Dancing Queen, SOS, Take a chance on me, Mamma Mía!, Super-Trouper entre otras 20, llenan la sala de nostalgia de una época en que la vida era más fácil pero también más aburrida. Una comedia romántica de enredos en donde vemos a actores haciendo el ridículo mientras tratan de cantar sin demasiados gallos los éxitos de ABBA. Meryl Streep, Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgård y varios jóvenes cantantes y bailarines, hacen una celebración en una isla griega, mostrándonos que siempre se es joven de corazón y que la música y la fiesta, no tienen porque llevarse por dentro.


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